Importancia del apego en la infancia.Trastornos en la vida adulta.

06 Abr 2016
Adolescentes y niños

apego
Conocemos como apego el vínculo emocional que desarrolla el niño con sus padres o cuidadores principales en su primera infancia y que resulta de vital importancia para el correcto desarrollo de la personalidad en la edad adulta.
En épocas pasadas apenas se ha prestado atención al apego en parte por la herencia de las teorías psicoanalíticas que consideraban la relación entre madre e hijo algo de naturaleza instrumental con el objetivo exclusivo de lograr alimento y por otra parte por los estilos educativos imperantes hasta bien entrado el siglo XX, basados en la supervivencia y que consideraban a los niños como ciudadanos sin derechos. No ha sido hasta la Declaración Universal de Derechos del Niño (1959) cuando se ha considerado a la infancia como un periodo con sus propias características y necesidades, el niño como persona, con derecho a la identidad personal, a la dignidad y la libertad.
La teoría del apego, desarrollada por John Bowlby (1969, 1973, 1980), nos descubre una necesidad humana universal para formar vínculos afectivos estrechos. Como núcleo de la teoría se encuentra la reciprocidad en la infancia temprana, que es una necesidad en el desarrollo normal desarrollo normal (Hofer, 1995).
El niño nos expresa sus necesidades mediante gestos como búsqueda de contacto, sonreír y si el adulto que lo cuida corresponde a esos gestos, se desarrollará apego a ese adulto en concreto (llamado en psicología el “cuidador principal). La activación de conductas de apego depende de la evaluación por parte del niño de los elementos de su entorno, que clasifica como seguros o no seguros. La experiencia de seguridad es el objetivo del sistema de apego, que es, por tanto, primero y por encima de todo, un regulador de la experiencia emocional, de ahí la importancia de desarrollar un correcto sistema de apego en la infancia para prevenir futuros trastornos y patologías mentales graves en la edad adulta.
Ninguno de nosotros nace con la capacidad de regular nuestras propias reacciones emocionales. La regulación de emociones se produce porque los cambios comunicados (mediante el llanto, el movimiento o los gestos) por los niños son respondidos, y se revierte ese estado de incomodidad. El niño va creando sus “modelos de funcionamiento del mundo” y al final del primer año sus actitudes ya son plenamente intencionales y busca respuestas específicas a hechos concretos, va aprendiendo de experiencias pasadas, incorporándolas a su sistema (Bowlby 1973).
Existen tres tipos de apego:
• Apego seguro. Fomenta la autonomía del niño, no hay miedo a abandonar la base segura puesto que las experiencias son gratificantes.
• Apego evitativo. Conductas de huída-evitación del cuidador principal, generalmente producto de respuestas imprevisibles del adulto.
• Apego ambivalente. El niño se acerca al cuidador pero se resiste a ser consolado por él, como el tan nombrado amor-odio. Se debe a respuestas contradictorias que no generan confianza en el niño y le produce un gran miedo a la separación.
• Apego desorganizado. Conductas de abandono o negligencia grave y el niño responde con actitudes “bizarras”: cambios de conducta bruscos para llamar la atención del cuidador, que no encuentran respuesta y dan lugar a indefensión y abandono de toda conducta.
Vemos la importancia de cuidar y escuchar a nuestros hijos, con los oídos, los ojos y el corazón, porque nos necesitan y porque haciendo un apego seguro les generamos unas grandes reservas para enfrentarse a la vida adulta con recursos psicológicos suficientes que les procuren relaciones interpersonales ricas y un mundo interno acorde con su edad y necesidades.


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