Lactancia sí, pero por elección

06 Mar 2015
Psicología

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Ha habido estos días un revuelo considerable en todos los medios y redes sociales en torno al libro que un médico del sistema sanitario público ha escrito, llamado “Víctimas de la lactancia” en el que contraviene todas las indicaciones de salud pública en relación con la lactancia materna.
Parece increíble que un acto tan natural, por cotidiano y por ser intrínseco al nacimiento y crianza sea tan y tantas veces cuestionado, a veces sin conocimiento de lo que es, de lo que implica y lo que significa.
En épocas pasadas, en las que la maternidad era prácticamente una obligación impuesta por el patriarcado, ocurría lo mismo con la lactancia, que se podía considerar la consecuencia normal de parir y, si no era posible hacerlo, se recurría a las madres del entorno que quisieran y pudieran criar, al no existir en el mercado las fórmulas artificiales.
Ahora bien, la creación de la leche de fórmula y la incorporación al mercado laboral han provocado una caída de la frecuencia y duración del período de lactancia, junto con la posibilidad de elegir, cuestión que es absolutamente personal y tan respetable la que decide dar de mamar como la que no. Mi reflexión no va tanto en la línea de si es mejor una opción u otra, cosa que no entro a valorar, si no si realmente elegimos qué hacer y cómo hacerlo.
En mi particular experiencia, que quiero contar aquí brevemente, pasé por dos fases muy diferenciadas, fruto primero de un feminismo mal entendido y después de una reflexión y una mayor información acerca de las muchas facetas de la lactancia natural.
Antes de decidir ser madre por primera vez, pensaba en la lactancia como una esclavitud, algo inventado para atarnos a casa, a nuestro hijo y a todo lo negativo de ser mujer, fruto como digo de un feminismo mal entendido y de años de ver a las mujeres de mi entorno dejar de ser y de estar, volverse invisibles, en aras de los hijos, de la teta, del pañal y de todas las tareas tradicionalmente “femeninas”, entonces, incluso de pensar en ser madre decidí que yo no daría el pecho, como signo de independencia, de rebeldía y para autoafirmar mi libertad.
Cuando estaba esperando a mi hijo, mi propio cuerpo me dio la respuesta sin preguntar, todo se iba adaptando al momento de su llegada, los cambios físicos y psicológicos me respondían cada día ante mis dudas, preguntas y reflexiones. Cambios en la forma de mi cuerpo pero también en la forma de mis patrones mentales, rígidos, anclados, todo planeado al milímetro. No me volví a plantear el tema de la lactancia materna si o no hasta que tuve a mi hijo en los brazos y, en un movimiento, se volvió a decidir la cuestión sin que yo tuviese nada que ver, él solo se arqueó hacia mí, buscando mi pecho y de forma también natural, le concedí su deseo, su petición.
No fue un camino de rosas porque la lactancia, como todo, es un aprendizaje continuo, pero con los meses, las ayudas y algún elemento de ayuda externo, fuimos perfeccionando la técnica hasta que cumplió un año y decidimos ambos que era el momento de separarnos, en ese plano, para comenzar otros.
Ahora tiene cuatro años, es un niño sano, feliz, lo suficientemente autónomo como para hacer todo lo que le corresponde por edad sin excesivos dramas y yo creo, o quiero creer que es fruto de aquel dejarnos llevar ambos por lo que sentíamos, nos apetecía y necesitábamos.
Por eso con esta reflexión no defiendo dogmatismos ni decisiones extremas, defiendo lo que cada una pueda o quiera dar en ese momento, que pertenece solamente a la esfera íntima de cada mujer pero sí defiendo la lactancia como forma de unión, de vínculo, algo que se comparte durante un período muy corto de la vida y que otorga, a mi entender, un plus de salud física, evitando enfermedades, y mental, fomentando un universo de sensaciones y sentimientos que forman un escudo protector para su mundo interior. Cada cual debe hacer lo que mejor decida pero de forma consciente y motivada.
En nuestro Gabinete de Psicología en Madrid, podremos resolver todas sus dudas acerca de la lactancia, crianza y problemas de sueño y conducta relacionados con tu hijo


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