Nuestra mente tras un atentado | Menssana Psicología

Nuestra mente tras un atentado

14 Nov 2015
Adultos

 

Cuando somos víctimas o presenciamos de cerca un acontecimiento inesperado, extremadamente estresante y que produce algún tipo de daño a nosotros o a alguien de nuestro entorno, nuestro cerebro sufre una “herida”, un trauma, que puede tener múltiples secuelas pasado un tiempo después del hecho.

Nuestro cerebro recibe las imágenes del suceso básicamente por la vista y llegan al llamado “circuito de la emoción”, encargado de procesar esa información externa y que se activa sobre todo en situaciones de peligro o alarma, bien activando la huida o bien evitando el peligro. Si este proceso no se realiza correctamente, el cerebro se queda en una especie de “enganche” en ese momento que dará lugar a alteración en conductas aisladas o grupos de conductas, en “como sentimos” eso que nos ocurre y la imposibilidad que percibe la víctima de manejar esa situación.
El impacto del suceso es tal, que desborda las defensas psíquicas del individuo y se genera un malestar y una excitación de manera continua (nerviosismo, recuerdos que vienen a nuestra mente sin control) que, finalmente causa cambios permanentes y duraderos en la personalidad de la víctima y por tanto, en su conducta.
El trastorno más común tras un acontecimiento de esta magnitud, se denomina Trastorno de estrés postraumático y sus principales síntomas han sido ampliamente estudiados en víctimas de diversos acontecimientos.
Presentan sobre todo alteración del estado de ánimo, del sueño, reviven el suceso en forma de escenas que se “meten en su mente” sin permiso. Suelen evitar todo tipo de estímulos que recuerden el momento vivido y cuando se ven atrapados por algún estímulo de manera accidental, su malestar es intenso y prolongado.
Es muy común revivir las escenas como si fueran reales y “salir del presente”, es decir, perder la consciencia del propio yo y la persona siente como si estuviera fuera de escena. Otro grupo de síntomas muy frecuente es una gran activación de funciones fisiológicas: sudoración excesiva, palpitaciones, temblor de manos, y elevación de la tensión arterial.
Con todos estos acontecimientos, que se repiten una y otra vez, al cuerpo no le queda más remedio que utilizar de forma constante sus mecanismos de alarma básicos y tenerlos tan aprendidos que lo único que hace la víctima al final es sufrir el deterioro de muchas de sus funciones mentales y corporales y desarrollar diferentes patologías como consecuencia de la tensión continuada.
Es fundamental atender a estas alarmas que nos emite el cuerpo y buscar ayuda psicológica, que es más efectiva si se hace de manera precoz y aunque los síntomas se presenten pasado el tiempo, el trauma puede ser tratado de manera eficaz.

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